El principio del fin. La verdadera historia de la destrucción del monasterio de Santa María de Ripoll en el año del Señor de 1835. VI

Cuando, terminada la guerra, los ripolleses se afanaron en reconstruir y restaurar su población, acudieron sin escrúpulo a los edificios monasteriales, y cual si fueran cantera común, con sus materiales procuraron edificar sus casas.

Si el monasterio quedó desolado, escribe el ripollés Padre Portusach, por el incendio, mucho más se deterioró por los destrozos y robos que consecutivamente ejecutaban los naturales de la villa. Entre otros un picaro que servía en clase de hospitalero, (cuyo hospital estaba) situado en los aposentos menos ruinosos del monasterio, se ocupaba de noche en aserrar los extremos de las vigas ó viguetas de los claustros para hacer que se cayesen poco á poco, y aprovecharse de ellas.

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El principio del fin. La verdadera historia de la destrucción del monasterio de Santa María de Ripoll en el año del Señor de 1835. V

De toda la anterior relación de los sucesos de Ripoll resulta muy claro que el daño causado por la agresión de los migueletes a los edificios monacales no tuvo importancia. Sólo ardió el interior del templo y el archivo y biblioteca. Los claustros y casas de los monjes, ni poco ni mucho participaron del fuego; y aun del mismo templo sólo ardió lo interior, como retablos y adornos, pues la bóveda permaneció intacta, y mucho más la superior techumbre. Tan entero quedó el edificio del templo que Don Eudaldo Raguer alcanzó que de nuevo se pudiese en él decir Misa. La restauración era asunto fácil; y sin embargo, al cabo de algunos años, el Monasterio se había trocado en un rimero de ruinas. Debemos ahora estudiar por qué caminos se llegó a tan fatal resultado.

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El principio del fin. La verdadera historia de la destrucción del monasterio de Santa María de Ripoll en el año del Señor de 1835. IV

Entrados los migueletes en el monasterio, a poco ardió primero el archivo, y a seguida el rosetón de la fachada del templo vomitó rabiosas llamas, procedentes del incendio del órgano, el cual, situado sobre la puerta principal, abarcaba con su grandiosidad todo el ancho de la nave.

Del órgano el voraz elemento se propagó a lo restante del templo. Este, empero, y el archivo fueron las únicas piezas, bien que hartas, que ardieron.

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El principio del fin. La verdadera historia de la destrucción del monasterio de Santa María de Ripoll en el año del Señor de 1835. III

Todos estos hechos debían ser parte para que los monjes vigilaran; y a no bastar éstos, se dice que recibían avisos de Barcelona, donde se había ya perpetrado el crimen. Después del incendio

de los conventos de Barcelona, en agosto de 1835, el capitán general Llauder… llegó fugitivo á eso de las once de la noche á Ripoll, acompañado de 700 ú 800 hombres, y se hospedó en la abadía….. A las tres de la madrugada marchó en dirección á Francia, y la tropa abandonada por su General volvió á Ripoll. El Comandante del regimiento, que era Don Quirico, avisó en la plaza á varios monjes á fin de que se guardasen. Así escribe un cronista ripollés, pero omite decirnos el dia del paso de Llauder por Ripoll. Sin embargo, por documentos emanados de la mano de Llauder sabemos que el 5 estaba en Vich y el 8 en Puigcerdà, y por lo mismo su estancia en Ripoll se efectuó en una de las tres noches que van desde el 5 al 8 de agosto. Poseo datos para creer que fué en la del 5 al 6.

Son del monje de este cenobio Don Joaquín Xifré las siguientes palabras: Tiempo antes de la catástrofe el Comandante de armas de Ripoll me encargó manifestara á los monjes la prudente conveniencia de que se retiraran del monasterio, en razón á que disponía de poca fuerza de ejército, y de que por lo mismo le sería difícil contener un ataque si se intentase.

… y de aquí sin duda que algunos de los cenobitas fuesen a encontrar al jefe del batallón, el cual les dijo que un atentado á veces difícilmente se evita, y así que les aconsejaba que pusieran a salvo cuanto pudiesen. Por este aviso sin duda, y por otros repetidos recibidos por los monjes, éstos sacaron o pusieron a salvo sus objetos de valor y papeles de importancia.

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El principio del fin. La verdadera historia de la destrucción del monasterio de Santa María de Ripoll en el año del Señor de 1835. II

En la guerra civil de aquel tiempo Ripoll decididamente se abalanzó hacia el lado liberal, y armó sus hombres con el fusil de nacional o urbano. La autoridad superior del Principado hizo a Vich centro de operaciones del batallón de migueletes Tiradores de Isabel II, conocido vulgarmente por el batallón de Montero, bien que entonces venía regido por el comandante Don Tomás Metzger. Este batallón fué el primero que se creó, procedente ya del 1833, y estaba compuesto de jóvenes atolondrados, casi todos de Barcelona. Constaba de mil plazas y extendía sus operaciones por aquel lado de la montaña catalana, recorriendo los distritos de Ripoll, Berga, Alpens, etc.

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El principio del fin. La verdadera historia de la destrucción del monasterio de Santa María de Ripoll en el año del Señor de 1835.

La verdadera historia de la destrucción del monasterio de Santa María de Ripoll extraída de “Los Religiosos en Cataluña durante la primera mitad del siglo XIX, por Cayetano Barraquer y Roviralta”, canonigo chantre de la Catedral de Barcelona. Editada a Barcelona el 1915 con licencia eclesiástica.

Digitalizada por la Universidad Autónoma de Barcelona y publicada bajo dominio público, sin restricciones de uso.

El autor Cayetano Barraquer confiesa en la introducción que el impulso que le movió a reseñar la memoria de los hechos de 1835 no fue otra que la evidencia de que todas las historias ya escritas sobre la persecución de 1835 las encontraba incompletas y mentirosas.

Así nos presenta su trabajo:

Durante muchos de los lustros que siguieron al nefasto 1835 casi nada se escribió en descripción de los conventos, ni en relato circunstanciado del crimen. Fue necesario que transcurriera medio siglo para que los autores católicos proferieran la verdad. En esta época, viendo que aún vivían algunos de los hombres de aquel tiempo, sentí vehementes deseos de interrogar y de escribir después sus relatos. Por eso me incliné a escribir la descripción de las casas religiosas de hombres de Cataluña, y la historia verídica de las persecuciones por ellas sufridas en mi siglo XIX, que es la presente.

Y nos cuenta cómo fue su plan de trabajo:

Convenía ante todo recoger aquellos datos que por momentos se escurrían de entre los hombres por estar guardados únicamente en la memoria de ancianos testigos; y así acudí a interrogar a los viejos que intervinieron en las cosas y en los hechos, ya fueran religiosos, sus enemigos, o ya simples espectadores. Al principio de 1880 comenzaba yo esta pesquisa, es decir, cuarenta y cinco años después del criminal hecho. En segundo lugar acudí a los archivos y bibliotecas públicas y privadas. En tercer visité los monumentos monacales que aún subsistían. Sin criterio preconcebido, o preocupación, apuntaba todas las noticias que me venían a la mano, tanto favorables como adversas a los frailes, dejando para su día el trabajo de sopesarlas y valorarlas con buen criterio. Las personas interrogadas pasan de cientos.

Después vino la consulta de archivos. El legajo de la Capitanía General de Cataluña, titulado: «Expedientes de las ocurrencias desde el 23 de julio hasta el Real decreto de amnistía de 25 de septiembre de 1835». Los manuscritos procedentes de monasterios y conventos, custodiados en la sala de Monacales del Real Archivo de la Corona de Aragón. Los protocolos de Notario de Hacienda, o sea de la desamortización, donde se reseñan numerosos conventos, sus fincas y derechos. El Archivo Notarial de Girona donde están los protocolos de los notarios de Hacienda del tiempo de la desamortización. Una vez terminada la pesquisa de datos orales y de los manuscritos, dediqué mi atención a los periódicos antiguos. Este libro es su resultado.

En su trabajo de investigación, amplio y riguroso, se relacionan los hechos a través de las crónicas y de entrevistas con testigos, y podemos encontrar una relación exhaustiva de todas las compras-ventas, con nombres y apellidos. Nos da una visión muy interesante, y en ocasiones inédita, del proceso de desamortización de los bienes de las órdenes religiosas, el contexto en el que se dieron los hechos de 1835.

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Los carlistas en 1898 – IV

LOS CARLISTAS

Leemos en La Publicidad de Barcelona:

«La Depeche afirma que los principales jefes carlistas han establecido los cuarteles generales en Bayona y en San Juan de Luz, desde cuyo punto se proponen hacer un movimiento en cuanto haya regresado el ejército de Cuba.

Añade que los agentes de D. Carlos han hecho activa propaganda en la citada isla en estos últimos meses.

La propaganda carlista es tan activa en el departamento de los Bajos Pirineos, que es muy posible que dé lugar á una observación amigable del Gobierno español al francés.

Un telegrama de Biarritz manifiesta que el plan de los carlistas es hacer un movimiento simultáneo en tres regiones:

D. Carlos se pondrá al frente de las fuerzas del Maestrazgo, D. Jaime al frente de las Vascas y D. Alfonso mandará las de Ciudad Real.»

La Depeche termina diciendo:

«Las comunidades religiosas de Filipinas han entregado á los carlistas 50 millones de pesetes y han prometido contribuir con otras cantidades importantes.»

Por telégrafo

Londres 23, 4 t.

E1 corresponsal del Daily Mail en París ha celebrado una interview con el Sr. Melgar, secretario de D. Carlos.

Declaró que el pretendiente no dirigirá ningún manifiesto á sus partidarios ínterin no se firme la paz.

Cuando ésta sea un hecho, D. Carlos hará conocer sus intenciones á los carlistas.

El mismo Daily Mail publica declaraciones del conde de Maillé, en las cuales asegura que los americanos ofrecieron á don Carlos 12 millones de pesetas con la condición de que éste les devolviese doble cantidad al subir al trono.—Reyer.

El correo militar 24 agosto de 1898

Guerra hispano-estadounidense. Testimonios y repatriados XII

TROPAS DE REGRESO

El Alicante en la Coruña

Anoche á las nueve fondeó en el Puerto de la Coruña el vapor de la Compañía Trasatlántica Alicante.

Immediatamente se dirigieron al buque en una lancha del cuerpo de Sanidad militar el capitán general, los gobernadores civil y militar, el alcalde, el comandante de Marina y el representante de la Compañía Trasatlántica.

Se prohibió en absoluto que nadie se acercase á las inmediaciones del Aliante.

Las lanchas de los buques de guerra pidieron que esa diaposición fuese contravenida.

A bordo del Alicante regresan el general Ruiz, y treinta y ocho jefes y oficiales, de los cuales ninguno es de Artillería; el alférez del navio Reina Mercedes señor Pina; 102 individuos de tropa, pertenecientea á la marina y al ejército.

El número de soldados asciende á mil. Vienen además cien que no forman cuerpo.

El Alicante trae patente limpia.

Durante la travesía ocurrieron 60 defunciones, entre éstas las de un jefe y un oficial.

Todos los enfermos que regresan proceden del hospital de Santiago de Cuba.

Al acercarse al buque hospital la ancha en que iban las autoridades, un sepulcral silencio reinaba á bordo del Alicante .

Pocos instantes después las bordas estaban coronadas de soldados.

Enteradas las autoridades del cuerpo de Sanidad de las condiciones en que viene el buque, se aproximó á éste la lancha de las autoridades.

El capitán general dirigió á los repatriados un saludo en nombre da la Regente.

El alcalde les dio la bienvenida en nombre del pueblo coruñés.

El capitán general dió algunas instrucciones al jefe militar de la expedición.

Es director del hospital flotante el subinspector de primera clase D.Lorenzo de Castro.

El jefe del servicio es el subinspector de segunda clase D. Gavino Rivadella.

Los médicos mayores son los señores Mendoza, Sambral y Fernández; los médicos segundos los Sres. Iñigo y Agudo.

Los farmacéuticos, Sres. Fernández y Díaz.

Forman parte, además de ese personal médico-farmacéutico, treinta y dos sargentos y treinta y un sanitarios.

El director del hospital flotante dio cuenta al capitán general de las novedades ocurridas en la travesía.

Dijo que no necesitaba más personal para el servicio de los repatriados, pues el que tenía era suficiente para atender á todas las necesidades que impusiese la cuarentena.

Ignórase todavía dónde sufrirán la cuarentena el comandante y expedicionarios del Alicante.

El comandante del Patriota fué al Ferrol para consultar si se hacía cargo de los expedicionarios

E1 jefe del departamento le manifestó que carece de instruciones hasta que llegue la escuadra de Cámara, á la que dicho buque pertenece.

La real orden dispone que sólo vayan al lazareto los inválidos y convalecientes de fiebre amarilla.

Como no viene ninguno, pueden los expedicionarios pasar al Patriota, pero la Trasatlántica ha manifestado que puesto que este buque carece de sitio donde acomodarlos, si la cuarentena sólo ha de ser de cinco días pueden hacerla en el Alicante.

Se ha demorado la salida de éste, creyéndose que irán todos al lazareto.

A bordo del Alicante hay dos muertos.

El correo militar 24 agosto 1898

Guerra hispano-estadounidense. Testimonios y repatriados XI

Coruña 23,8 n.

Acaba de comunicar el vigía de Monte Alto que se halla á la vista del puerto el vapor Alicante, que conduce la primera expedición de repatriados.

La noticia circula rápidamente, el público, dominado por una gran ansiedad, comienza á invadir los muelles.

A causa de lo intempestivo de la hora, se cree que el desembarco será aplazado hasta mañana.

En el lazareto tienen cabida 638 personas cómodamente.

En el puerto se halla el trasatlántico Ciudad de Cádiz, procedente del Ferrol, que zarpará mañana para la Habana.

Ha dejado de ser crucero auxiliar y al efecto ha desembarcado en el Ferrol su tripulación de guerra y el armamento.

El trasatlántico va al mando del capitán D. Benigno Lavín.

En el Patriota se está procediendo á la colocación de camas.

Las autoridades se disponen á ir á visitar el buque.

Coruña 23. 9’23 a.

El Alicante fondeó sin novedad en las inmediaciones del lazareto de Osa á las ocho y cuarenta y cinco minutos.

Nadie ha comunicado con el trasatlántico.

Fueron bastantes los botes y lanchas de vapor que salieron al encuentro del barco con gente que esperaba llegasen en él parientes ó amigos.

En alta voz se pedían nombres de barco á barco y noticias de los ausentes.

Las autoridades habían tomado rigurosas medidas para que ninguna embarcación se acercase al vapor una vez fondeado éste.

Vienen bastantes atacados de fiebre amarilla, y mañana á primera hora se hará la clasificación de los enfermos.

Los graves pasarán integra la cuarentena en el lazareto.

En el Patriota serán recogidos los enfermos de males comunes y no contagiosos.

Reina gran actividad en las oficinas militares para ultimar la distribución de las fuerzas recién llegadas.

Tanto el gobernador militar como el civil despliegan una actividad y un celo digno del mayor aplauso.

Todas las clases sociales están animadas del mejor espíritu para hacer grata la estancia aquí de los que han expuesto su vida por la patria. M. Dafonte.

La correspondencia de España 24/08/1898